Personas que no se olvidaron que la están esperando son todas aquellas que tienen problemas con el alcohol y se dan cuenta que las pueden ayudar. De esta forma acuden a Alcohólicos Anónimos (A.A) que es una comunidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo.
“Cuando llegué a Alcohólicos Anónimos, no podía ser un alcohólico. ¡Era imposible a la edad de 14 años!” explica Juan Martínez alcohólico recuperado. “Tomé mi primer trago cuando tenía seis años”. Con esta confesión empieza a detallarnos su vida con el alcohol, y continua declarando: “ Siendo el menor de tres hijos, y menor de edad, siempre podía arreglármelas para salirme con la mía. Ahora creo que era un alcohólico desde mi primer trago, ya que desde aquel momento, empecé a organizar mi vida según la pauta alcohólica. Vivía con temor del día, con mi odio y mis resentimientos, en un mundo de ensueño”.
La historia personal de este hombre es totalmente atípica, única, pocas veces escuchadas. Quedó marcado desde su niñez, pero no duda en afirmar que dejar el alcohol “cambió” su vida. Cuando se trasladó con su familia de aquella ciudad justo antes de que comenzara cuarto grado de primaria. Se sentía muy solo, no tenía amigos, y no podía hacer amistades. Entonces, empezó a conocer a muchachos y muchachos que fumaban, bebían y tomaban drogas. Sus padres le suplicaban, discutían, y le daban repetidos escarmientos. Pero Martínez cree y argumenta : “Fueron ellos los que me hicieron nacer, los que nunca me quisieron, los que me hicieron pasar años de miseria. Por eso en aquel momento decidí que había llegado la hora de desquitarme entonces comencé a beber y a drogarme”. Continua su confesión alegando “Me fui llenando de lástima conmigo mismo. La bebida y la droga me aliviaban de todo. Pero también se volvió muy importante la sexualidad, porque quería amor. Montones de amor”.
Sin temor a los prejuicios, asegura que todo cambió cada vez más hasta su sexualidad cambió hasta que un día, un desconocido con barba que estaba sentado a su lado en un salón de uno de los hoteles menos elegantes de su ciudad, se volvió de repente hacia él y le preguntó si tenía un problema con la bebida. "¿Qué le hace pensar así?" le replicó, sabiendo que en ese momento estaba físicamente sobrio, aunque algo tembloroso y sin una perfecta coordinación.
El desconocido no le contestó. Simplemente metió la mano en su chaqueta, que había conocido mejores días, sacó un libro mugriento y sobado y dijo algo acerca de una reunión, a la que tal vez le gustaría asistir esa noche. Además le dijo que allí encontraría a "gente agradable que lo entendería".
“Ese día le di gracias a Dios, a quien he dado el nombre de P.S. (Poder Superior). Aún sintiéndome frío y vacío, logré controlarme y llegar a la dirección que me había dado” -afirma Martínez- “por supuesto, resultó ser una reunión de A.A. En aquel entonces, por primera vez en muchos años, establecí un verdadero contacto humano con el hombre que más tarde se convertiría en mi padrino”.
Pero pocas semanas después, volvió a beber y a sufrir durante otros siete años. Durante esos años tubo dificultades en adaptarse a las referencias religiosas porque creía que el P.S. lo había defraudado y empezó a replantearse si debía o no aceptar la idea de un ser sobrenatural. Desde esa postura que se iba volviendo atea empezó a reflexionar que en realidad los que lo habían ayudado habían sido los seres humanos, quienes lo habían fortalecido cuando necesitó que lo rescataran del alcohol.
Martínez de esa forma reconoció que necesitó más fuerza de la que personalmente tenía para vencer la compulsión de beber. Entonces decidió volver a recuperarse. Recibió esta fuerza adicional del poder para crear el bien que en A.A. se genera. Así pudo interpretar la frecuente referencia a Dios en los Doce Pasos y en otros lugares, como el poder que viene de otras personas.
Después de un año y medio de verdadera sobriedad, sufrió una catástrofe personal. Pero no consideró esa situación como un castigo por los "pecados" del pasado; ni tampoco es tan vanidoso como para creer que una deidad lo eligió como mártir. “Es ciertamente irónico -asiente Martínez- verme paralítico después de un período de verdadera sobriedad, y no como resultado de una borrachera. Pero no es más que eso. Es solo irónico”.
Martínez tiene una firme creencia en la moral humana. Cree que los malos impulsos pueden ser superados por las acciones honestas. A.A. pone de manifiesto los impulsos para crear el bien, y esto tiene una fuerza tremenda. “A mi parecer, el total de las buenas acciones constituye el ‘poder superior’ ”analiza Martínez.
“Durante algún tiempo que estuve muy perturbado por el accidente, fui casi un Solitario, pudiendo asistir solamente a unas pocas reuniones cada año” -asiente Martínez- “pero afortunadamente, mi mejor amiga que era alcohólica y lesbiana, comprende bien lo que es el alcoholismo (debido a su asociación en el pasado con A.A.), y tuve la oportunidad casi diaria de tener conversaciones con ella”.
Aunque no fue capaz de aceptar a A.A. ni la ayuda verdadera que prestaba, hasta que hizo una interpretación racional del programa. El alcoholismo en la vida de Juan Martínez se remonta muy atrás, así como en otras tantas personas. Aunque una vez creyó en Dios sigue siendo ateo, pero afirma que es “un ateo agradecido”.
“Me alegra también sentir esta intimidad especial de A.A. con mucha gente heterosexual, como nunca me hubiera sido posible imaginar” elogia Martínez. De hecho, durante los siete años que logró mantener sobriedad, pudo seguir en su empleo, y asistiendo a las reuniones de grupos compuestos principalmente por miembros heterosexuales. Concluye y expresa: “Hoy conozco en A.A. a algunas mujeres que están sobrias, a travestis que también lo están, y a representantes de todas las preferencias sexuales que existen. Sin embargo, aquí lo único importante es que todos somos seres humanos, alcohólicos, y miembros unidos en A.A”.
Muchas de las personas que tienen problema con el alcohol se consideran especiales. Juan Martínez también es un ser especial porque engloba la historia de vida de Diana de 17 años alcohólica desde temprana edad, a Patricio de 21 años que es alcohólico (homosexual), a Eduardo de 41 años que es alcohólico (ateo) y a María que tiene 27 años que es alcohólica (lesbiana).
"En mi caso, A.A. no surtirá efecto. He llegado a tal punto que no tengo remedio." "Es bueno para aquella gente, pero yo soy presidente de
En este mismo momento, gente de todas partes del mundo se está diciendo que en su propio caso A.A. probablemente no funcionará, debido a alguna o varias de estas razones. Tal vez usted sea uno de ellos. El grupo de A.A. en Neuquén fue creado el 4 de julio de
En Argentina existen actualmente 380 grupos de Alcohólicos Anónimos integrados con aproximadamente 30.000 individuos recuperados. Donde participan hombres y mujeres de diferentes edades, ocupaciones y clases sociales, sin distinción de religión y raza.

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