“En tanto que el hombre no haya acabado su identificación con la naturaleza y el otro hombre -en tanto que continúe siendo prisionero de determinaciones y separaciones-, la única tarea, a la vez ética y práctica, que realmente se ofrece a su libertad es la de coincidir activamente con su devenir. En resumen, el imperativo categórico es coincidir con la revolución” fragmento de Touchard, Jean[1].
El Mocase aconteció como movimiento en 1989
Introducción
"Estamos en el Mocase porque nadie más que nosotros puede transformar la realidad que vivimos. Ningún político nos dará agua potable, luz, caminos, puestos sanitarios, escuelas y todo aquello que un Estado debería garantizar. Acá, o nos unimos y participamos o viviremos eternamente olvidados", afirma Mirta, integrante del Mocase en la comunidad de Saladillo, un pequeño poblado del interior provincial[2].
Este escrito intenta articular conceptos que a trabajado Gilles Deleuze, para explicar como el Movimiento Campesino Santiago del Estero (Mocase) con el devenir puede llegar a politizarse. Aunque hoy inquiete a las autoridades locales.
El Mocase comenzó a organizarse a fines de la década de los 80’s alrededor de un grupo de curas y seminaristas que se establecieron en el chaco santiagueño. Así lograron años de trabajo junto a los campesinos y en 1986 se originó la fundación del movimiento, a causa de un problema de tierras en Los Juríes[3]. Esto se produce contrariamente porque es una provincia que ha estado sumergida en la inmovilidad política históricamente. A causa de que se encuentre en el poder Carlos Juárez, un peronista que controla la provincia desde 1949.
La estructura política del Mocase está sustentada en las bases, en dirigentes surgidos de las mismas comunidades campesinas. Fieles representantes de una tradición indígena latinoamericana, su forma de trabajo y práctica política es comunal y participativa. Como pasa en México con el zapatismo o en Brasil con el movimiento de los Sin Tierra (MST).
Este movimiento se maneja de acuerdo a lo que Deleuze y Guattari en Mil mesetas expresan como ‘maquina abstracta mutante’.Las máquinas abstractas se efectúan en ‘funcionamientos concretos’ que se producen en colectivos, grupos, instituciones, dispositivos, singularidades.
“En una sociedad no se define tanto por sus contradicciones como por sus líneas de fuga, se fuga por todas partes y es muy interesante intentar seguir las líneas de fuga que se dibujan en tal o cual momento”, a raíz de este concepto deleuzeano podemos contemplar el Mocase. Que como expresa Deleuze es una“creación colectiva”[4].
En movimiento por una ‘máquina mutante’, muy diferente a la de ‘sobrecodificación’ de partidos políticos, su ‘máquina de guerra’ traza ‘líneas de fuga’ que eluden diversos cercos, “estriaciones y capturas de Estado tanto como dominaciones de la máquina de guerra destructiva que es el capitalismo”.
Una línea de fuga crea ‘nuevos espacios-tiempo’, produce ‘espacios lisos’ inesperados, construye o encuentra ‘planos de consistencia’ en vez de rígidos ‘planos de organización’.
Los movimientos ‘nómades’, como el MST y los Zapatistas, no se encuentran alejados de los ‘devenires’, de los ‘procesos de subjetivación revolucionaria’y las ‘micropolíticas’ atómicas del Mocase porque están en contacto se llevó a cabo el primer congreso de la organización[5], en el 99, y logró reunir más de quinientos delegados, tanto de Santiago del Estero como de provincias vecinas, universidades nacionales y extranjeras, ONG, los movimientos campesinos ya nombrados, la Corporación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Del encuentro participaron asimismo representantes de la Federación Agraria Argentina (FAA), la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Greenpeace y el Comité de Solidaridad de Cataluña, España.
¿El Mocase es Intempestivo?
El Mocase agrupa 4.500 familias campesinas, santiagueñas que han comenzado a organizarse alrededor de un movimiento que reivindica la tierra, no sólo como un medio de explotación y desarrollo, sino como una forma de recuperar su dignidad e identidad, sistemáticamente bastardeadas por un gobierno con características feudales, manipulado desde hace cincuenta años por el actual gobernador, Carlos Juárez.
Conformaron un sindicato agrario de nuevo tipo, como consecuencia de la disputa de tierras en la zona. Agrupadas en comunidades, luchan para no ser desalojadas por grandes estancieros que compran tierras sin considerar a quienes las trabajan desde siempre. Reforma agraria, desarrollo sustentable, autogestión y educación universitaria propia son algunos de los proyectos que proclama.
Como argumenta Antonio Negri en Conversaciones: “Hay cortocircuitos que abren el presente al futuro[...] El pensamiento nómada se presenta siempre en el tiempo bajo la forma de una contraefectuación instantánea; en el espacio, únicamente ‘el devenir minoritario es universal’”. Y luego pregunta ¿Qué clase de universalidad es ésta de lo Intempestivo?
Deleuze explica que ‘progresivamente’ se ha ‘sensibilizado’ en una “posible distinción entre el devenir y la historia”[6]. “En un gran libro de filosofía, Clio, Péguy explicaba que hay dos maneras de considerar el acontecimiento: una consiste en recorrerlo en toda su longitud, registrando su efectuación en la historia, sus condicionamientos y su degradación en la historia; la otra consiste en elevarse hasta el acontecimiento, instalarse en él como en un devenir, rejuvenecer y envejecer en él al mismo tiempo, atravesar todos sus componentes o singularidades”[7], explica Deleuze.
Así se puede decir que el Mocase es Intempestivo porque crea algo nuevo a través de sus líneas de fuga se forma una construcción colectiva. Teniendo encuenta que “el devenir no es la historia, la historia designa únicamente el conjunto de condiciones (por muy recientes que sean) de las que hay que desprenderse para “devenir”, es decir, para crear algo nuevo. Exactamente lo que Nietzsche llamaba lo Intempestivo”. Los integrantes del Mocase, aparecen en la escena política como los únicos capaces de constituir una real oposición al caudillo en el devenir del movimiento.
En este movimiento se llevan a cabo las nuevas formas políticas que escapan a las múltiples capturas del aparato del Estado y las ominosas barbaries de las máquinas de guerra del capitalismo.
La Maquina del Mocase
El Mocase aparece como una ‘máquina de guerra’, según Deleuze en “una indicación en Mil Mesetas: no hay ya que considerar las líneas de fuga en lugar de las contradicciones, sino las minorías en lugar de las clases”[8]. Otra orientación consistiría en dar un estatuto a las “máquinas de guerra”, un estatuto que no se definiría por la guerra sino por una cierta manera de ocupar, de llenar el espacio- tiempo o de inventar nuevos espacio- tiempos: los movimientos revolucionarios.
Esta ‘máquina de guerra’ que en su inicio era de confrontación para que no les quitasen las tierras y en contra de la explotación, irá cambiando, mutando en poco tiempo. Hoy en día según Ángel Strappazzon, ex sacerdote afirma que: “Este es un movimiento que exige la reforma agraria como una forma de compensar siglos de explotación y estancamiento. Pero nuestros reclamos y trabajo van más allá: queremos constituir un movimiento que defienda la cultura campesina desde el punto de vista social y cultural, no sólo económico. Nuestros proyectos educativos apuntan a formar dirigentes y a concientizar sobre cuál es nuestro origen e historia, para poder llevar a cabo un desarrollo auténticamente sustentable, independientemente de las políticas originadas en Buenos Aires”.
De forma tal que se presentan como una máquina de guerra creativa, produce nuevos espacio — tiempos en el campo social con repercusiones en lo político, sectorial, instituciones y colectivos, grupos e individuaciones.
El Mocase se preocupa por aclarar que sus cuadros dirigentes no provienen de partidos ni organizaciones políticas tradicionales. Porque creen que los caminos los eligen los pueblos. “Los técnicos, los que hemos tenido la suerte de estudiar, sólo podemos acompañar y asesorar según los lineamientos políticos que determine la base. Creo que ese es el gran acierto del Mocase. Aunque el proceso es más lento, es para siempre. Así, el poder político provincial no puede destruirlo, a pesar de los constantes ataques y del trabajo que desarrollan los punteros del gobernador Juárez”, concede Strappazzon.
Se trata de miles de campesinos que defendieron la tierra, es decir el ‘medio de producción’, y que manejan su ‘modo de producción’ bajo conceptos como que “la tierra es para quien la trabaja”. Un movimiento novedoso en sus contenidos, orientaciones y prácticas de lucha, como así también en sus maneras de organizarse y formas de liderazgo.
Por efecto de la máquina mutante, en el Mocase no se ajustan a un programa predecible; ‘devienen’, se mueven como ‘nómades’, manteniendo sólo básicas ‘consistencias’ parte de una forma horizontal, democrática, de hacer política. No hay líderes. Las comunidades campesinas son las que trabajan y deciden. Todo se discute en las comisiones y se lleva a la práctica a través de delegados. La estructura interna está conformada por tres niveles: comisiones de base, centrales campesinas y cooperativas y una comisión directiva, donde los delegados consensúan las distintas posiciones hasta lograr decisiones satisfactorias para todos. Así, ‘producen su proceso de subjetivación’ y ‘su régimen de signos’, evitando al capitalista. Porque como expresa Deleuze “El capitalismo es una empresa mundial de subjetivación”[9].
Lucha de Minorías y devenir- minoritario
Parafraseando al fundador del Partido Comunista Italiano (PCI) Antonio Gramsci, considerado uno de sus referentes teóricos, el Mocase se define como una organización representante de la sociedad civil en busca de la sociedad política. No forman parte del Estado, pero persiguen transformaciones del mismo. De esta forma son minoría luchando por la reivindicación de sus derechos. Deleuze expresará que: “Todos de un modo u otro, estamos en algún devenir minoritario que nos arrastraría hacia vías desconocidas si nos decidiéramos a seguirlo[...] El pueblo siempre es una minoría creadora”[10].
Strappazzon se anima a un análisis más profundo y abarcativo de la sociedad argentina y dice que “el cambio político-social en este país llegará cuando sepamos articular los distintos campos populares, hoy aislados y desmembrados. Pero para que eso ocurra es necesario que surjan referentes, líderes que enamoren con su lucha, que contagien con su ejemplo. Mucha mística, además de buenos discursos y alternativas políticas”.
Deleuze con respecto a esto expresará que“[...] si las minorías son revolucionarias, es en tanto impliquen un movimiento más profundo, que ponga en tela de juicio la axiomática mundial del capitalismo”[11]. Las comunidades de base comienzan y devienen como una minoría. En tanto lucha de minoría “su potencia procede de aquello que ha sabido crear, y que se integrará en alguna medida en el modelo, pero sin nunca depender de él”[12].
En otro sentido, el Mocase parece un ejemplo de la diferencia entre la ‘lucha de clases y la lucha de minorías’. Deleuze plantea en cuanto a este punto un pasaje, un cambio, de ‘las luchas de clases hacia las de minorías’ para las futuras ‘luchas revolucionarias’. La definición de minoría nunca es numérica o cuantitativa sino más bien cualitativa.
“Las minorías no se distinguen de las mayorías numéricamente. Lo que define a la mayoría es un modelo al que ‘hay que conformarse’. En cambio las minorías son un devenir, un proceso, carecen de un modelo”, afirma Deleuze.
De esta manera el concepto de ‘devenir minoritario’ en Deleuze es que “aquellos que si bien pueden crecer numéricamente, no piensan según el modelo aparato de Estado, y según la máquina de ‘sobrecodificación’ que lo domina”. Con lo cual no formulará un pensamiento hegemónico o dominante, no construirá universales, sino que propugnará la diversidad: del Todo a las partes, del Uno a lo múltiple.
“No hay que enamorarse del poder”[13]
Quizá simplificando, podría decirse que una revolución molar se ocuparía primero de representar a los afectados y oprimidos y ‘tomar el poder’ en tanto poder político del Estado, y luego transformar, romper, destruir el aparato del Estado para cambiarlo.
Roque Integrante del Mocase expresa que “lo importante es que después de tantos años, mucha gente comprendió que las soluciones no llegarán individualmente. Este es un camino que tenemos que recorrer todos juntos, por más que el gobierno nos presione, nos meta miedo o nos halague”.
Una revolución molecular se encargaría más bien por escapar de la representación y producir nuevas relaciones socio - políticas en el radio de acción y militancia inmediata. ‘No un nuevo Estado, sino un nuevo estado de cosas’.
“Ellos manejan el poder monetario, pero nuestra herramienta más válida para luchar es la organización y hoy lo estamos demostrando. Lo mucho o poco que logramos se debe a que hemos permanecido unidos en el movimiento. Si el gobierno quiere hacer algo, que nos ayude a seguir organizándonos, aunque sabemos que a ningún gobierno le conviene que la gente se junte”, concluye Roque.
Debemos remitirnos a la diferencia entre lo molar y lo molecular. Químicamente hablando, un mol es un conjunto y número de moléculas agrupadas o aprisionadas en su interior. Pero es un interior construido sólo de modo instrumental. Las verdaderas transformaciones químicas están más cerca de las moléculas que de los ‘moles’.
Una revolución como la francesa, que descabeza el poder en el cuerpo molar de los reyes, pero no modifica las relaciones de poder molecular entre las personas, en y entre las instituciones, en y entre los dispositivos, los colectivos, los grupos, es un cambio molar, pero no aquel cambio molecular que impulsa un ‘devenir revolucionario’.
Pareciera que el Mocase, además de no llegar al poder por las armas o las urnas, está tendiendo muy inteligentemente, a deconstruir el poder, a mostrar la ficción que el poder es.
La construcción comunitaria es parte de la construcción y producción de fuerzas no capturables. La revolución molecular, pasaría por desplegar, liberar esas fuerzas no apropiables que la sociedad civil tiene replegadas o expropiadas.
Una revolución molecular: “Constituye una ‘máquina de guerra’ que ya no es ni la guerra... ni el terror..., sino el movimiento revolucionario —conexión de los flujos, devenir- minoritario de todo el mundo—. “Aunque sin armas ni organización para reaccionar ante los atropellos de los nuevos empresarios, durante la década de los 80’s los pequeños productores pusieron resistencia a los desalojos. “Perdimos el miedo. Ahora de acá no nos saca nadie, ni la policía, ni las topadoras: la tierra es nuestra”, dice hoy con tranquilidad Roque, presidente de la Comisión de Base de La Simona[14] ubicada a 350 kilómetros de la capital provincial.
Conclusión
“Soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia, no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra. Siempre allá, más lejos, vida que nos desvive y enajena, que nos inventa un rostro y lo desgasta…” Octavio PAZ, Piedra de sol (1957)
El Mocase es un movimiento nómada, pero tiene sin embargo un límite en su desarrollo: “Este movimiento no va a llegar lejos si no se articula con otros, si no se produce un movimiento como el Sem Terra, si no se vienen los villeros y toman los campos de los terratenientes para fortalecer las relaciones de poder en el diálogo con los propietarios de la tierra”, expresa Ángel Strappazzon, ex sacerdote y numen del movimiento campesino.
De esa manera con la composición de distintas fortalezas a través de la relaciones de poder generar una máquina de guerra creativa conjunta y una línea de fuga, que permita nuevas cartografías que fundan espacios, planos, discursos, acciones, efectos y contra efectuaciones. Tanto para el campo social como para las instituciones, grupos y la clínica de la singularidad.
Con el proceso de privatización que produjo Menem con su dictadura económica en la Educación Pública, la Salud y demás Servicios. El Mocase, se vio perjudicado y en el se combinaron la ‘línea de fuga’ que produce, la ‘máquina de guerra’ que se inaugura, el ‘espacio liso’ al cual tiende -la palabra verdadera-, y el ‘nomadismo revolucionario’ como movimiento.
Los índices estadísticos oficiales reconocen a Santiago del Estero como una de las regiones más golpeadas por la crisis económico-social que vive el país. Según los últimos trabajos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la desocupación alcanza picos del 33% en algunos departamentos provinciales, el salario promedio no supera los 500 pesos y el 58% de los ocupados trabaja para el Estado[15].
Muchos autores han intentado comprender internacional y localmente estos grandes cambios y crisis sistémicas bajo el capítulo de las grandes ‘metamorfosis’[16] y mutaciones sociales. En lo que respecta hay unos puntos que convergen:
◉ La transformación social preanuncia una desnaturalización en la creencia de que el crecimiento económico produce un derrame automático sobre la sociedad[17];
◉ Las definiciones de posguerra del sistema capitalista en función de un mercado de consumo de masas se ha derrumbado y la interdependencia centro-periferia se concentra en la succión recursos materiales y financieros;
◉ Se reduce la tendencia a escala mundial de la demanda de lo que en términos clásicos se denominaba ‘trabajo productivo’, restando aún definir la asignación de ingresos para el conjunto de actividades productivas que engloba hoy el trabajo como proceso de producción de la sociedad misma[18], a su vez se reduciría la tendencia en la demanda de trabajo vivo en esa categoría,
◉ La forma de producción de la acumulación resulta cada vez más coactiva y renueva sus formas primitivas de violencia en la acumulación, teniendo en cuenta que -paradójicamente- al mismo tiempo se necesita crecientemente de la cooperación o ‘implicación subjetiva y social del trabajador
“‘el hombre es algo que debe ser superado, es un puente, no un fin’;
de Nietzsche análisis de Bréhier, Emile en: Historia de la filosofía II Vols.[19]
Bibliografía
- Castel Robert; La Metamorfosis de la Cuestión Social; Bs. As., Paidós II Pte. Cap. 7 y 8.
- Deleuze Gilles; Conversaciones; Valencia: Pre-Textos; 1995 p.p. 265-286
- Gorz, André; Miserias del presente, riqueza de lo posible, Paidós; Bs. As. 1998
- Hardt, Michael y Negri, Antonio; Imperio, Paidós, Bs. As. 2002
- Posada, Guillermo y Ratti, Camilo; “La tierra es nuestra” en: Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur Nº 13, Julio 2000, p.p. 8, 9
- Deleuze, Gilles; Guattari, Félix; Mil mesetas, Barcelona, Anagrama, 1994
[1] Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas. Traducción de J. Pradera. Madrid. Ed. Tecnos, Capítulo XIV: sección III, 1981.
[2] Guillermo Posada y Camilo Ratti, “La tierra es nuestra” en: Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur Nº 13, Julio 2000, p.p. 8, 9
[3]Los Juríes: localidad situada a 310 kilómetros, al este de la capital provincial
[4] Gilles Deleuze; Conversaciones; Valencia: Pre-Textos; 1995 p. 265
[5] Congreso del Mocase, 25 y 26-11-99, Universidad Católica de Santiago del Estero.
[6] Gilles Deleuze; Conversaciones; Valencia: Pre-Textos; 1995 p.267
[7] Op. Cit. p.267
[8] Op. Cit. p.269
[9] Op. Cit. p.270
[10] Op. Cit. p.271
[11] Op. Cit. p.272
[12] Op. Cit. p.273
[13] La política cómo permanente reinvención-Apuntes deleuzianos de Michel Foucoult en el prólogo de la edición americana de "AntiEdipo- Capitalismo y Esquizofrenia"(1977).
[14]La Simona es donde se produjo uno de los más recios enfrentamientos entre un terrateniente y un grupo de campesinos. El 12 de octubre, la empresa Mimbres S.A., propietaria de varios miles de hectáreas en la provincia, se presentó en la zona para desalojar a los campesinos que ocupaban sus campos.
[15] Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Censo Nacional de Población y Vivienda, 1991. Citado en el articulo de Le Monde Diplomatique nº13 p.p. 8 y 9
[16] Robert Castel; La Metamorfosis de la Cuestión Social; Bs. As., Paidós II Pte. Cap. 7 y 8.
[17] Gorz, André. 1998. Miserias del presente, riqueza de lo posible, Buenos Aires, Paidós.
[18]Michael Hardt, y Antonio Negri; Imperio, Bs. As., Paidós; 2002
[19] Bréhier, Emile. “El superhombre de Nietzsche”, en: Historia de la filosofía II Vols. Traducción de Juan Antonio Pérez Millán y Mª Dolores Morán. Madrid. Editorial Tecnos, 1988.
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